La ruta de la seda

SEMANA 05: 17.04.2017-24.04.2017

Después de dos semanas comiendo arena en el desierto del Gobi y matando el hambre 3 veces al día a base de papas, grasa animal y vodka, recién hoy tengo tiempo para poder escribir lo que fue nuestra travesía por la ruta de la seda en China. No sé si he visto mucha tele pero cuando me dicen “ruta de la seda”, me imagino a un grupo de persas arriba de unos camellos caminando por unas desoladas dunas al estilo desierto del Sahara, algo como la siguiente foto:

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Oasis a 5 minutos del centro de Dunhuang, el día nos tocó 100% nublado.

Motivados entonces por la romántica idea de recorrer una de las rutas comerciales más importantes de la historia, programamos nuestra última semana en China (previo cruce a Mongolia y reingreso a China por un último mes) por el comienzo de la ruta de la seda, siguiendo el siguiente itinerario:

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Itinerario Ruta de la Seda: Beijing, Xian, Tianshui, Zhangye, Jiayuguan y Dunhuang.

En resumen, la módica suma de 4.877 km en 54 horas arriba de 7 trenes, y si bien faltaron los camellos y los persas, el viajar en tren nos permitió apreciar los paisajes en los cuales se encuentra inmersa esta serie de ciudades modernas que preservan muy bien sus recuerdos del pasado (a diferencia de lo que vimos en otras localidades chinas) y que no parecen dunas desoladas en lo absoluto.

Tianshui

Luego de 15 maravillosas horas de hard seat (corrida de 3×3 asientos no reclinables en tren) llegamos a Tianshui dónde partimos nuestro día con suerte y buscamos 40 minutos un hotel que había cambiado el nombre que teníamos en la reserva…. Tianshui como ciudad tiene poco que ofrecer pero es una parada útil para visitar las grutas budistas de Maiji Shan:

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Complejo de grutas con pinturas y esculturas budistas de Maiji Shan.

A menos de una hora del caótico centro de la ciudad se encuentra un frondoso paisaje que protege una rocosa montaña que se impone con escaleras, pasadizos y grutas esculpidas con imágenes de Buddha. Actualmente se desconoce la cantidad de artistas y la técnica que se utilizó para esculpir este escondido museo que data desde el siglo III, que nos tuvo ocupados toda una tarde mientras esperamos el tren a nuestro siguiente destino: Zhangye.

Zhangye

Con otro tren nocturno en el cuerpo y un bus que nos dejó en el centro, esta ciudad con la mitad de habitantes de Tianshui nos mostró uno de los mejores paisajes que hemos visto en lo que va del viaje.

A no más de una hora de la estación de buses se encuentra el parque geológico de Zhangye o “Zhangye Dangxia”, el cual nos dejó literalmente boquiabiertos con su infraestructura y cuidado, así cómo con los colores que toma este cordón montañoso al atardecer.

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Nos quedamos hasta el atardecer, perdimos el último bus de regreso y tuvimos que pedirle a una señora de un negocio que nos llevara de vuelta al hotel. Luego de unos 20 minutos de vueltas y regateos cerramos el negocio y volvimos por un buen hot pot y a dormir.

Con el despertador a las 06:00am nos levantamos para recorrer otra reliquia de los alredores de Zhangye, las grutas y templos colgants de Mati Si:

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Nos tomó una mañana recorrer los templos escavados a lo largo de los acantilados de las montañas Qilian. Terminamos con una exquisita manzana, cortesía de una señora que trabaja en el complejo monástico. Tomamos el bus de vuelta y un corto tren de 2 horas que nos dejó en Jiayuguan, el lugar dónde termina la muralla China.

Jiayuguan

La densidad poblacional aquí sigue bajando y esta ciudad de la mitad de tamaño de Zhangye, es decir 170.000 habitantes (lo que es prácticamente una aldea considerando las proporciones del país), nos sirvió durante dos días como una pausa para descansar, planear nuestra entrada a Tibet (15 de Mayo) y visitar el final de la gran muralla:

DSC_0440En la mañana del tercer día comenzamos con un tren de 5 horas que nos dejó en Dunhuang.

Dunhuang

Más muerta que Osorno, ajajajaja.

Al parecer un día Domingo no pasa nada en Dunhuang, ya que cuando llegamos a la estación de trenes no estaba el supuesto bus público que lleva al centro y con suerte había una persona vendiendo té y un par de taxistas. Para nuestra sorpresa esta vez no hubo que negociar y el chofer noblemente encendió el taxímetro que por 4 USD nos dejó, luego de 30 minutos, en la puerta del hotel. Sospechosamente esta ciudad parece ser la más limpia que hemos visitado: no hay gritos en la calle, policías remueven los scooters mal estacionados en las veredas e inclusive hay arbustos en la via pública, me siento como en las europas jajaajaj. Efectivamente y producto del desarrollo en energía renovable (eólica y solar) en la región, Dunhuang es una de las ciudades de China con el mayor ingreso per capita y esto se observa en cada detalle. Desde la sorpresiva calma en las calles hasta la limpieza de los restaurantes, invita a quedarse y descansar en su oasis en el desierto, así como lo hacían antiguamente los viajeros y comerciantes de la ruta de la seda.

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El oasis de la foto corresponde a un templo budista que fue construído hace no más de 50 años y que fue nuestra última visita en el día y medio que pasamos en la ciudad.

Así termina nuestro recorrido por la histórica ruta de la seda, espero escribirles en un par de días más cuando volvamos de nuestro tour por las estepas, desiertos y valles de las regiones del centro y sur de Mongolia, un abrazo!!

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