7 días en el Tíbet – de Lhasa al Everest a lo Brad Pitt (Parte I)

SEMANA 09: 15.05.2017-22.05.2017

Tibet y en particular Lhasa tienen esa inexplicable mística que en algún momento tuvo para mi India y que a 18.000kms de distancia de Puerto Varas me invitaron a visitar sus distintivos paisajes y monasterios y así comenzar tímidamente a familiarizarme con su cultura.

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Ahora que estoy aquí, entiendo que me llama profundamente la atención la conexión que tienen algunas culturas orientales con su religión y/o filosofía de vida, sumado al estético paisaje que se forma entorno a las montañas, independiente del progreso y modernidad que hoy día las rodea.

IMG_1676Apreciar en carne y hueso el distintivo brillo de los ojos de los tibetanos y aspirar la penetrante mezcla entre mantequilla de Yak e incienso es invaluable y nuevamente me enseña el poder de una religión con la que empatizo cada vez más.

Si bien venir a Tibet no es realmente un desafío, se requiere contratar un guía que te escolte por la ciudad, ya que al ser un territorio controlado por China es necesario contar con un permiso de visita (tipo visa), el cuál es gestionado exclusivamente por las agencias de viaje y que adicionalmente no permite “explorar” el lugar si no es acompañado de un guía. Independiente de las restricciones y del costo que esto tuvo, estamos aquí y esta es la reseña de nuestro paso a lo Brad Pitt por la tierra del Dalai Lama.

Nuestro peregrinaje – de Ulaan Bataar a Lhasa

Nos despedimos del centro de Mongolia con una última parada en el parque Terelj y, como no podía faltar, nuestro querido Kosta nos invitó un buen almuerzo local que incluyó dos cervezas y un shot de vodka para consagrar nuestra amistad. Bajo los efectos de la hospitalidad ruso-mongoliana nos subimos al tren en Ulaan Bataar que nos llevará hasta Lhasa, luego de pasar por Zaamin Ud, Erlian, Hohhot y Xining. Si bien el paisaje que cruza la renombrada ruta que va desde Xining a Lhasa deja mucho que desear, es una experiencia particular, puesto implica un proceso de aclimatación que incluye desde una declaración de salud hasta tubos que emiten oxígeno a los 3.000 metros de altura mientras duermes en el tren. A las 11:00am y con un ligero mareo (natural dada la velocidad de ascenso) nos da la bienvenida a la capital de Tibet el Potala Palace, la última residencia que tuvo el actual Dalai Lama en Lhasa y donde se encuentran las stupas de los históricos líderes del budismo.

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Con su característica arquitectura y distintivo color blanco proveniente de la pintura natural a base de leche, azucar y arena, se alza a 3.650 metros de altura el ícono tibetano por excelencia. Al menos 2,5 horas toma recorrer y ascender a las distintas tumbas, esculturas y artefactos religiosos de la epóca de gloria del budismo en Tibet. Sin embargo, dentro de esta humilde armonía religiosa también nos encontramos con el egoísmo y ambición pura del gobierno chino, que oprime y obliga a los monjes a notificarnos de la existencia de cámaras de video, que están siendo vistos y escuchados, que no se puede interactuar. Efectivamente hay que hacer un esfuerzo para transportarse a la epóca de gloria del país y en la medida que logramos deambular por la ciudad tenemos la suerte de sentir un poco aquel glorioso (en mi opinión) pasado.

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Jokhang Temple y la calle Barkhor

Lhasa se encuentra sumergida en toneladas de cemento por lo que puede tornarse difícil transportarse al pasado. Sin embargo aún existen algunos lugares dónde se puede respirar la atmósfera budista y la calle Barkhor es sin duda uno de ellos.
Kora es la palabra que describe el típico perigrinaje circular que realizan los tibetanos de distintas provincias cuando visitan un templo, en este caso el de Jokhang en Lhasa. Hay que vivirlo para entender la velocidad y la inercia con la cuál miles de personas dan vueltas y vueltas en torno al templo, independiente de sus discapacidades físicas, edad o cansancio. Fueron un buen par de horas que me permitieron apreciar la diversidad cultural así cómo el tremendo poder que esconde en su sonrisa desde el más humilde granjero hasta el más elegante monje, mientras indetenidamente recitan sus mantras y contribuyen a esta fuerza centrífuga religiosa.

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El motivo de todo este movimiento es que en el templo que rodean se encuentra el Buddha de oro más venerado del Tibet, lo cuál se transforma en visita obligatoria y frecuente de sus creyentes. Finalmente y cómo no podía faltar, aquí va el álbum con algunas fotos que tomamos alrededor del templo:

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Tibet es más que Lhasa y luego de nuestra visita por estos monasterios nos dejamos llevar en un tour con otros 11 compañeros rumbo al campo base del Everest, incluyendo unas paradas en el camino, que ya les comentaré. Me despido de esta región y de ustedes con este post, mientras nos dirigimos hacia Chengdú a ver si los pandas son tan simpáticos como parecen. Un abrazo.

5 comentarios

  1. Que recuerdos…, sobretodo la sorpresiva puna y mi huelga de hambre para soportar esos olores o aromas de grasa y otros

    Q felicidad por ustedes

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  2. Come sempre è davvero piacevole leggere le vostre avventure, ci fanno percepire un po’ dell’atmosfera che dovete avere sentito.
    E poi voi siete meglio di Brad Pitt ( l’hanno trasmesso alcune sere fa in tv!!!)
    Un bacio
    cesi

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