7 días en el Tibet De Lhasa al Everest y mediavuelta (Parte III) – el campo base.

SEMANA 09: 15.05.2017-22.05.2017

Temprano por la mañana y luego de una buena porción de pan, huevos y queso de yak, nos volvimos a subir a nuestra querida minivan para manejar las últimas 5 horas que nos llevarían al campo base del Everest. El clima nos favoreció y con un paisaje de película (esos de cielo azul y nubes dibujadas) cruzamos pasos de al menos 4.500 metros de altura que nos indicaban que estábamos cada vez más cerca.

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En El Paso a 4.530 metros de altura

Luego de un poco más de una hora, en la parte final del recorrido comenzamos un acenso como el de camino a Farellones, muchas curvas a una alta velocidad que no demoran en recordar que el mal de altura existe ajajjaja. Con un ligero mareo ya estábamos aquí, en las puertas del Rong pu Monastery, el monasterio más alto que hemos visto y a menos de 10 kms del campo base del Everest.

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Una oveja protegiendo la entrada del monasterio más alto de Mundo

Un poco más adelante llegamos al campamento dónde pasaríamos la noche y que se veía más o menos así (bastante desarrollado y con harto olor a combustión, al igual que India y Mongolia queman el excremento de los animales para la estufa y cocina):

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Nos abrigamos, tomamos agua y fuimos a esperar una vista que pocos tienen la suerte de apreciar:

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Durante la noche nos las dimos de fotógrafos y fuimos a hacer unas tomas del cielo, la vía láctea y la majestuosa montaña. El resultado fue un nivel de congelamiento imbatible que nos mandó de vuelta al saco de dormir y a quemar la mayor cantidad de caca de yak y ovejas posible, lo cuál también terminó en un rotundo fracaso con la carpa llena de humo que nos hizó la noche durísima jajajaj…

Con el cerebro desalineado del cráneo, algo así como la caña de tu cumpleaños, nos despertamos al día siguiente, disfrutamos una última vez la impotencia de la montaña más alta del mundo y nos embarcamos de nuevo hacia Shigatse, dónde en el camino pudimos apreciar algo de la vida rural tibetana, glaciares, lagunas y otro monasterio:

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Esa noche la volvimos a pasar en Shigatse y al día siguiente manejamos otras 6 horas hasta la ciudad donde todo comenzó, Lhasa. Aquí motivados por el brasileño Victor fuimos por una inocente cerveza, que entre historias y cigarros terminó dónde tenía que terminar: con la puerta del hotel cerrada y perdiéndonos con la Vale dentro del hotel buscando la pieza, nada de nuevo ajajajaja
En el bar tuvimos justo la coincidencia de escuchar una banda local en vivo, buenísima, que paradójicamente nos agradeció a nosotros por visitar su país, ‘gracias a ustedes por una semana de las más memorables que llevamos’ , pensé.

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Con un post más corto pero más fotográfico los saludo hoy, ansioso de escribirles nuestra vuelta a China en Chengdu con los pandas, en LeShan con Buddha y en Zhangjiajie dónde nos perdimos por primera vez en estos casi 4 meses.

Un abrazo, Nico.

 

2 comentarios

  1. Bello!!! Siete riusciti a fare una delle cose che tanti di noi vorrebbero fare: vedere la maestosità dell’Everest.
    Per me già arrivare lì è un’ impresa.
    Aspettiamo il seguito

    Me gusta

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