Un cerebro de mono y las rocas de James Cameron – Chengdú, LeShan, Zhangjiajie, Yangshuo y Hong Kong (Parte II)

SEMANA 11: 29.05.2017-05.06.2017

Me encanta pensar, aunque sea una obviedad, que la gastronomía de un país es un reflejo de su cultura y por ende de su sistema político y económico. En Tokyo existe la mayor cantidad de restaurantes con estrellas Michelin en el mundo y cuando se tiene la suerte de disfrutar una cena con tal preparación y complejidad, me es natural reflexionar sobre el kaizen y la mejora continua japonesa. Estuvimos en un restaurante de sushi para mi cumpleaños dónde comimos el mejor nigiri de estomago de atún que existe y en la conversación con el maestro el nos explicó la minuciosidad con la cuál se compra el atún en la subasta, se elige la raíz del wasabi, como se construye su tabla para cortar (en función de su comodidad y tamaño) y que un buen cuchillo para pescado podía costar varios miles de dólares.

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En el álbum: kilos y kilos de pescado y otras delicias en Japón.

Creo, fuertemente, que existe alguna relación entre la adopción de sistemas individualistas o colectivistas en algunos países y lo que sucede en la mesa. Por ejemplo, en ciudades como Tokyo y New York (ciudades de países más inclinados al individualismo) dónde existe un alto dinamismo y actividad económica, hemos visto muchísimos restaurantes de comida rápida o para comer solo, a veces inclusive en cubículos sin nada más que mirar que el smartphone de cada comensal.

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Una “individualista” máquina para pedir sushi en el Tsukiji Market de Tokyo

A diferencia de lo qué pasa en estas capitales del mundo, en China surge algo totalmente opuesto. La mesa es un espacio social donde se comparte en familia, siendo un reflejo de esto como se sirve la comida: en un almuerzo/cena tradicional, se disponen una serie de platos de preparaciones locales en tamaños medios, “invitando” a los comensales a compartir toda la comida y generar un ambiente más “colectivo”. A diferencia de lo que estoy acostumbrado en la mayoría de los paises occidentales donde cada uno elige un plato del menú, en China y otros países del continente se dialoga, se eligen platos comunes y se comparte todo. Me encanta. Seguramente el origen de esto puede ser la escasez histórica de los recursos de una familia, pero creo que el efecto que ha tenido en el largo plazo es más bien dotar de un sentido colectivo, más social a una parte importantisima de cada día: comer.

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Ñam ñam: ajo y ají

Les cuento todo lo anterior por qué Chengdú forma parte de la provincia sureña de Sichuan, conocida localmente por su calidad gastronómica, así que quisimos probar sus esquisiteces locales y fuimos por un hot pot, que básicamente es una fuente que se dispone al centro de la mesa con una sopa muy picante, dónde se van vertiendo las verduras y carnes que se comerán.
Para mí el hot pot no es solo un plato de comida, es más bien una experiencia que refleja algo de la cultura oriental que creo se agudiza más en China y que tiene que ver con el reflejo que es la gastronomía de un país de su economía y sociedad, obvio. Ahora, para mi lo interesante es que en el contraste de una mesa clásica occidental con una mesa clásica oriental se pueden ver muchas cosas. En nuestro último intento de hotpot nos ofrecieron cerebro de mono, fresco, muy fresco ajajajajaj y si bien no nos animamos a llenarnos de conocimiento con este plato, nos fuimos de este lugar con un excelente recuerdo, el sur de China nos ha gustado mucho más que el norte. Un tren de 6 horas nos dejó en Zhangjiajie, la “inspiración” (no corroborada) de Avatar.

Zhangjiajie

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Zhangjiajie

Si hay algo que puedo decir de nuestra actitud viajera es que somos muy mateos. Nos leemos la Lonely Planet, buscamos opiniones en foros, somos conscientes y respetamos la cultura local y siempre llegamos una hora antes a tomar el tren. Cómo la visita a Zhangjiajie, “el parque de Avatar”, era una de nuestra visitas ansiadas, ameritó más planificación de lo normal: compra de desayuno y snacks el día anterior, doble batería de cámara, saberse de memoria el recorrido y parada del bus y llevar descargado el mapa en la aplicación maps.me. Si no la conocen y van a viajar, bájenla, funciona sin plan de datos, tiene todos los mapas y rutas caminables, además de contar con las marcas para restaurantes, paradas de buses y atracciones turísticas. Buenísima. En la mañana del día de visita al parque nos despertamos a las 05:30am, nos comimos el desayuno en la micro, luego tomamos un bus y llegamos a la entrada del majestuoso parque de 290 km2. Como andamos con el presupuesto acotado, solo nos dimos el lujo de pagar la entrada y llevar un par de yuanes para comida. Lo quisimos hacer todo caminando, siguiendo una ruta que nos permitiría apreciar las mejores vistas del parque sin toparnos con nadie. Y así fue, en la mañana luego de un trekking de 2 horas pudimos mirar por primera vez la clásica imagen de estas formaciones rocosas:

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Zhangjiajie

Maravillados sacamos una que otra foto y nos dispusimos a seguir con el recorrido. Hay un bus gratuito que te permite llegar a otro mirador, el cuál nos regaló esta visa. Luego quisimos sumar otro treking de dos horas que pasaba por una cueva y que nos dejó en la parte más alta del parque, dónde se puede tomar una telesilla y bajar.

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Telesilla

Caminamos y caminamos y llegamos finalmente a la cima, apreciamos el parque y nos dimos cuenta que eran casi las 16:00, ya la hora de volver. Teníamos entendido qué hay un camino que lleva al comienzo de la telesilla, por lo que buscamos un caminito de piedra y nos pusimos en marcha. Toda la planificación nos falló ajajjajajaaj. Pasada una hora y media de bajada en un camino cada vez menos turístico, terminamos en un poblado con terrazas de arroz y 50 habitantes que al vislumbranos no dudaron en preguntarnos que estábamos haciendo ahí. “Entrada parque” dijimos con gestos, en inglés, escrito con el traductor, pero nadie nos entendió. A las 17:30hrs: llegó el hijo de una de las personas con la cuál intentamos dialogar y usando el celular nos explicó que habíamos salido del parque y que si queríamos volver a entrar tendríamos que manejar 2,5hrs en auto bordeando los caminos de tierra del parque, el cuál nos comentó cerraba a las 19:00. Media vuelta y nos fuimos corriendo por el sendero para arriba, las poleras empapadas, las caras color tómate, la vale con un preinfarto y más secos que escupo de momia. Llegamos a las 18:57!, pagamos el maldito andarivel (que nos obligó a comer pan de cena) y pudimos salir, por 3 minutos ajajajaja. Fuera del mal rato que pasamos a la vuelta pensando que íbamos a tener que dormir ahí, el parque es precioso y se ha transformado en uno de los días del viaje que no borraremos. Ese día cumplimos 5 años pololeando y transpiramos juntos todo lo que nos tomamos en este tiempo! Aquí les dejo un par de fotos del parque:

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Al día siguiente nos fuimos a Fenghuang, donde comenzó la cuenta regresiva para irnos de China: Fenghuang, Yangshuo y Hong Kong se los contaré en la próxima.
Un abrazo,
Nico

 

 

2 comentarios

  1. No se por que razón no me llegaban las notificaciones de los post a mi mail y recién me vengo a enterar de todos los que no he leído. Primero, atraso y todo…felicidades por sus 5 años de pololeo, me encantan y los quiero infinitamente!
    Ahora voy a continuar poniéndome al día jajaja

    Me gusta

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