El arco y la flechas no son para uso recreativo – de trekking por el valle Baliem en Papua

SEMANA 34: 17.10.2017-24.10.2017

Terminado nuestro recorrido por Timor (https://asia365.blog/2017/10/30/de-bom-dia-a-selamat-pagi-el-otro-lado-de-la-isla/) ya era hora de tomar el vuelo a Jayapura, la capital de West Papua y punto de partida para el cumplimiento de una serie de sueños o pendientes de mi bucket list como conocer a las tribus dani, fotografiar las aves del paraíso y bucear en Raja Ampat.
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El aeropuerto de Jayapura es como el antiguo aeropuerto El Tepual de Puerto Montt. Pequeño, con amoblado de madera, dos puertas de embarque y un café afuera del recinto que, administrado y atendido por su propio dueño, compite con las cajas de Dunkin’ Donuts y de Pizza Hut que llegan desde Santiago con los turistas chilotes. Reemplazando a los abrigados chilotes y puerto montinos por los veraniegos papuenses, la imagen del aeropuerto en Jayapura es prácticamente la misma y me recuerda la época de oro de aerolíneas como Ladeco y Avant Airlines. Una vez aterrizado nuestro vuelo, corrimos al área de embarques y como si fuera una estación de buses compramos en efectivo nuestro pasaje a Wamena (el centro del valle Baliem) y recibimos a cambio un papel en banco y negro (impreso en una xerox antigua obviamente) con los detalles de nuestro vuelo.
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En el ascenso desde Jayapura a Wamena nos percatamos que el paisaje que nos recibiría en los próximos días es dramáticamente distinto al del resto de las islas que hemos visitado en Indonesia. En una aparente lucha por los rayos de sol, se alzan miles de árboles sobre las colinas que forman un denso paisaje verde, con aserpentados ríos de color café que quiebran constantemente los valles y anuncian su complejidad. Pasados 45 minutos de vuelo observando este paisaje, se ven las primeras y únicas calles, algunas casas y mucha tierra, habíamos llegado a Wamena.
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Wamena

Desde el momento de arribo en el aeropuerto lo primero que apreciamos es un cambio radical en la manera de como se ve y comporta la gente, nos sentimos más en Papua Nueva Guinea que en Indonesia, eso es seguro. La estatura es más baja, son bastante más corpulentos, de pelo duro y tipo afro; los papuenses representan la imagen de nuestros antepasados, sin duda.
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Se podría decir que Wamena es la capital del valle Baliem: con sus 10.000 habitantes, algunos desnudos y otros no, este pequeño pueblo sirve como centro de abastecimiento para los miles de habitantes de las aldeas del valle, así como para los turistas.
Una vez retirado el equipaje emprendimos rumbo a la estación de policía para dejar constancia de nuestro arribo y solicitar un permiso para deambular por la zona sin problemas, el famoso surat jalan.
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Al ser una isla con poca infraestructura y no conectada por caminos o carreteras, Papua es muy cara. Hasta el día de hoy la principal forma de abastecimiento es mediante aviones desde ciudades costeras y, adicionalmente, Wamena tampoco está muy desarrollada turísticamente, existen 4 hoteles y la oficina de turismo está más cerrada que Venezuela. Por lo mismo nos costó encontrar donde dormir y ponernos en contacto con algún guía. Mientras “agendabamos entrevistas” con algunas personas que conocimos en la calle o en el hotel, también aprovechamos de recorrer algunas aldeas dani y lugares cerca de la ciudad como las momias de Akima y Jiwika.
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La momia de Jiwika

Sin mucho preámbulo tomamos una micro en el centro de Wamena con dirección oeste. Luego de una media hora nos dejaron en una aldea donde se encuentra la momia de Jiwika, un “imperdible” de la zona según las guías de viaje. Llegamos a una aldea que en mi opinión es más bien una trampa turística, ya que al llegar la gente se emepezó a quitar la ropa para lucir “su atuendo auténtico” y pedirnos dinero por fotos. Muy caro y poco natural, no nos gustó y no accedimos a la tentativa oferta. A los pocos minutos apareció el jefe de la aldea, hombre de 40 esposas, que no dudó en cobrarnos unos dólares para mostrar la momia del ex jefe del lugar, esta vez accedimos. La importante figura histórica corresponde a un poderoso jefe a quién momificaron con humo hace 300 años y que hoy protege la aldea.
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Un poco desencantados por lo turístico del lugar, estuvimos un par de minutos y nos fuimos. En la calle nos topamos con dos viejos muy buena onda, que nos metieron conversa y que carismáticos posaron para un par de fotitos.
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Más adelante, nos llevaron a dedo en una camioneta y nos dejaron en otra aldea dónde no nos cobraron por la foto y no se desnudaron pero si nos mostraron otra momia que cuidaba el lugar.
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Luego de dos días de paseo y de conversar en inglés / bahasa con unos 5 guías distintos, dimos finalmente con Athen, un compadre joven que está estudiando para ser profesor de inglés y que, oriundo del valle, podría llevarnos a recorrer por un par de días. Fuimos al supermercado a comprar toda la comida necesaria para 3 días y acordamos reunirnos al día siguiente en nuestro hotel a las 07:30 para partir el trekking.

De trekking por el valle Baliem

En lo que va del viaje he perdido 7 kilos, por lo que cuando se da la rara oportunidad de disfrutar un desayuno buffet se aprovecha. Arrocito, pollo, huevo, unas tostadas, café y queque me afirmaron el estómago como si estuviera por subir el Everest. A las 07:00 nos juntamos con Athen, tomamos una micro y luego de una hora y media llegamos a un río dónde se cortaba el camino, la micro daba la vuelta y empezaba nuestro recorrido.
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Cruzamos un puente y luego de un par de horas hicimos la primera parada, dónde una conocida de Athen nos regaló una batata y una palta para el break, muy buenas.
Más adelante comenzamos a ver las primeras aldeas dani, las cuáles nos maravillaron con su orden, limpieza y arquitectura particular. De gente, nada.

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De vez en cuando nos topabamos con algún lugareño pero la verdad es que en las primeras 5 horas de trekking quedamos sorprendidos por la poca gente que habiamos visto, hasta llegar a Syokosimo dónde las cosas cambiarían.
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En la foto se alcanza a apreciar levemente la evidencia de una de las costumbres más representativas de las tribus dani. En la medida que los hombres o mujeres pierden a un hijo o ser querido, la tradición indica que debn cortarse un dedo con una piedra, en el caso de esta señora cultivadora de batatas, ha pérdido 3 seres queridos.

Un matrimonio en Syokosimo
Syokosimo es una pequeñisima aldea donde Athen tiene el contacto de una familia que ofrece una casa con dos piezas para turistas. Dejamos nuestras mochilas y nos apresuramos en subir la colina que protege la aldea ya que según nos habían comentado se estaba celebrando un matrimonio. Luego de caminar un rato, esto fue lo que nos encontramos:
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Una verdadera fiesta de siglos pasados. Mucha gente, toda la que no habíamos visto en el camino, y un paisaje que nos dejó con la boca completamente abierta.

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Habíamos llegado a un matrimonio típico del valle, hombres desnudos y con arcos y flechas, separados de sus mujeres que ordenan y vigilan el festín, mientras los niños juegan con los mocos colgando, producto de la mezcla entre resfrío e infecciones debidas a los orificios que se hacen para cruzar huesos en la nariz.
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En una batalla entre respeto y egoísmo me muevo reiteradamente en busca de un lugar que me permita sacar fotos y apreciar sin interrumpir. Por muy distinto y nuevo que me parezca es seguramente el momento más importante en la vida de 2 personas y no quiero interferir. Así llegamos a un pequeño refugio debajo de unos árboles donde compartimos con otros invitados.
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Tengo que decir que me sentí como si hubiera sido invitado desde un principio, la gente nos sonrió e invitó a observar y sacar fotos como si fueramos alguno más de esta amplia familia.
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El menú consistía en verduras (acelga, espinaca), batatas y cerdo hecho en un hoyo tipo curanto.
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El menú no fue de lo más refinado pero si quitó el hambre luego del trekking matutino.
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Un detalle inolvidable
Para cuando llevábamos casi dos horas sumergidos en el espectáculo y el cielo se había vuelto completamente gris, comenzamos a observar que algunos de los invitados se estaban preparando para algo especial. En este momento fue cuando escuché a unos pocos metros de distancia el ruido de un chancho pequeño que seguramente estaba escapando de su presunta muerte. En mis interiores pensé, si!, vamos a tener la suerte de ver como cazan un chancho con arco y flecha (ritual típico) y cuando vi que un buen par de adultos tomaron sus arcos todo hizo sentido… Extasiado me dirigí a Athen y le pregunté: ¿están tomando los arcos para matar al chancho?, y con una cara de total seriedad me respondió: Nicolás, nos vamos. Los arcos y las flechas no son para uso recreativo, En estos días las aldeas de este lado están en conflicto con las del otro lado de la montaña por ende todos los hombres deben portar todos los días sus arcos y flechas en caso de batalla, vamos?

Y yo le respondí: Ok, vamos.

En el alzarnos de nuestro pequeñito refugio de plantas la gente muy cariñosamente empezó a despedirse y a desearnos un buen viaje. En ese momento aprovechamos el impulso y sacamos una fotito grupal que quedará siempre para el recuerdo:
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Esta es la historia de esta foto, dónde con mucha simpatía y orgullo los papuenses se sacaron la foto con LA BLANCA del matrimonio y nos regalaron un recuerdo para toda la vida. Con la lluvia en los hombros, bajamos a donde nos estabamos hospedando, preparamos el fuego y cocinamos unos tallarines con atún que acompañados de batatas maravillaron a nuestros comensales papuenses.
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Los dos días siguientes fueron más tranquilos, caminamos unas 5 horas diarias por caminos poco transitados, cruzando una que otra cascada y compartiendo en la noche con la familia que nos hospedaba. Lo anterior quiere decir que cada vez que lleganamos tenía que cocinarle a la familia entera! jajajajaaja, lo cuál no es un problema pero no lo teníamos claro así que hubo que contar los granitos de arroz uno por uno…

IMG_8036Hasta ahora, la visita al valle Baliem y el matrimonio en Syokosimo han sido una de las experiencias más auténticas, distintas y choqueantes del viaje. Nos ha dejado muy contentos lo vivido y nos da una sensación de que valió la pena llegar tan lejos. El viaje en Papua ovbiamente no termina aquí con el trekking, y lo que fueron las siguientes 2 semanas en este lado de la isla, se los contaré en el próximo post.
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Un abrazo,
Nico

 

 

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